LA MERCANTILIZACION DELA PERSONA HUMANA |
LO HUMANO EN EL CENTRO DEL MUNDO:
JUNTOS, BUSCAR Y COMPARTIR LA VERDAD
Conversaciones del CCIC.
Centro Católico Universal de Cooperación con UNESCO
Ciclo de encuentros bi-anuales. Primera Conversación
Palais de l’UNESCO, Junio 2004
Contenido
APresentación del Ciclo. Prof. Mons. Guy-Réal Thivierge, Presidente del CCIC
BIntervención del Prof. Mons. Philippe De Woot
CIntervención del Prof. Mons. Piero Coda
A. Presentación del Ciclo de las Conversaciones
(Ref. IV – IA - 05.05 - 03)
Prof. Mons. Guy-Réal Thivierge
Presidente del CCIC
Es un honor y un gran placer acogerlos deseándoles, en nombre de todos los miembros del Consejo de Administración del CCIC, una cordial y fraternal bienvenida a las Primeras Conversaciones de nuestro ciclo de encuentros bi-anuales orientados a LO HUMANO EN EL CENTRO DEL MUNDO.
El pilar de apoyo de la misión del CCIC es, por una parte, llevar al mundo cristiano (católico) el mensaje de la UNESCO y, por otra, proponer en los medios de la UNESCO el esclarecimiento del mensaje cristiano, muy especialmente en las esferas de competencia asignadas a esta organización del sistema de las Naciones Unidas: áreas de la cultura, de la educación, de las ciencias y las tecnologías y de la comunicación. Esta responsabilidad, en relación a la construcción de la «ciudad de los humanos » y de la « ciudad de Dios », funda simultáneamente la pluralidad de nuestros compromisos personales e institucionales y confiere todo su sentido a nuestra reunión en el seno del CCIC.
Concertador, por supuesto, pero también promotor y servidor de esta valiosa diversidad a través de la reflexión, el diálogo, el cruce de nuestras dudas y también de nuestras convicciones, de nuestros sueños y de nuestras esperanzas, el CCIC aspira a ser hoy más que nunca esta encrucijada de intercambio, de conversación, de debate, eventualmente este espacio de nuevos aprendizajes y de nuevos compromisos que nos permitirán, en una búsqueda común, ubicarnos mejor y, de este modo, reaccionar más correctamente a las temibles problemáticas a las cuales nos confronta el mundo actual.
Para comprender mejor las opciones que subtienden la gestión que actualmente les proponemos, deseo compartir con todos ustedes una observación, una comprobación, que se impone al examen de los contenidos de todos los grandes debates que agitaran la segunda mitad del siglo XX hasta el momento y continuarán haciéndolo: todos se reconocen en su forma de trastrocar el lugar de la persona humana, hombre y mujer, en la humanidad. En efecto, los grandes desafío (y su cortejo de consecuencias) que a menudo siguen el espíritu de nuestros contemporáneos en cualquier lugar del mundo, por ejemplo los vinculados a la mundialización, en el sentido del progreso técnico y económico, a las bio-tecnologías, a la ecología, a la cultura de la eficacia, de la competitividad, es decir a una visión parcial del desarrollo, poseen en común algo más que la amenaza de desplazar, de descentrar lo humano, de sojuzgarlo, de alguna manera de mercantilizarlo. De central a nivel de la Creación deviene periférico, de sujeto de excepcional dignidad deviene objeto, sometido a las fluctuaciones del mercado de valores que, en sí mismo, siempre requieren ser evaluados.
Vinculada en primer término con las problemáticas encontradas por cada una de las organizaciones internacionales a las cuales ustedes pertenecen, la actividad que iniciamos con las Conversaciones del CCIC se integra por lo tanto naturalmente en el contexto amplio de esos profundos cuestionamientos, de la transformación de las formas de vida, de la aceleración de la historia y del trastorno de las culturas. Este análisis que nos confronta a diversas visiones del hombre, de su vocación, de sus valores, del bien común, del sentido y de las finalidades del desarrollo, resulta esencial para el mundo actual, a menudo obligado a respuestas rápidas, tristes y parciales; con la UNESCO, el CCIC está convencido de la necesidad de reflexionar juntos, de construir juntos el conocimiento y hacer surgir nuevas esperanzas. La educación, el conocimiento, ¿no son ellas mismas creación, renovación, acompañamiento del cambio? Igualmente, también, el CCIC está convencido de su deber de hacer conocer y compartir con los medios internacionales, multiculturales y multirreligiosos, la riqueza de la Tradición cristiana, sobre todo las del humanismo cristiano y de la enseñanza social de la Iglesia. Queridos amigos, no temamos decirlo, nuestra gestión es a la vez modesta y ambiciosa. Modesta por sus medios, pero ambiciosa por la amplitud de su tarea y el vigor que deseamos invertir juntos en ella. Con la ayuda del Espíritu y la colaboración de cada uno y cada una de ustedes, nos complacemos ya por el hecho de que los frutos superarán las promesas de las flores.
La marcha propuesta se despliega – por el momento – en dos años, en cuatro encuentros que tratarán, cada uno a su manera, una faceta de la problemática de lo humano en el centro del mundo: la mercantilización de la persona humana, de la educación, de la cultura y del trabajo.
Para la ruta (¿Cómo no pensar en Emmaüs?), elegimos el modelo pedagógico de la conversación porque privilegia la partición, el intercambio de puntos de vista, vivido en espíritu de respeto del otro en la búsqueda de la verdad. Vuestros conocimientos, vuestras competencias, vuestras experiencias son de este modo directamente requeridas; nuestros invitados aportarán los enfoques específicos a los expertos, por ejemplo esta mañana el del economista y el del filósofo/teólogo.
Los presento y les pido acogerlos. El Prof. Philippe De Woot, emérito de la Universidad Católica de Lovaina, es miembro de la Academia Internacional de Gestión de Empresas de la Academia Real de Bélgica, economista y autor de varias obras entre las cuales Stratégie et Management,Pour une Doctrine de l’Entreprise. El Prof. Mons. Piero Coda es filósofo y teólogo de formación, profesor de teología dogmática de la Pontificia Universidad Lateranense en Roma, también secretario de la Academia Pontificia de Teología y presidente de la Asociación Italiana de Teólogos. También ha firmado varias publicaciones entre las cuales figuran estudios filosóficos sobre Hegel; sus principales esferas de interés teológico son los de la antropología cristiana (trinitaria), el ecumenismo y el diálogo interreligioso.
Extraído de:
CCIC Centro Católico Internacional de Cooperación con la UNESCO
París, Francia.
Sitio Web:http://www.ccic-unesco.org
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Profesor Emérito de la Universidad Católica de Lovaina
Miembro de la Academia Real de Bélgica
Una de las explicaciones fundamentales a la actual mercantilización de la persona humana hay que buscarla en el modelo de desarrollo que adoptara Occidente y que en forma progresiva se mundializa o se « globaliza », para retomar la reciente terminología.
Este sistema se hace cada vez más poderoso y cada vez menos finalizado. En otros términos: nuestro sistema está basado en la economía competitiva del mercado, por lo tanto en el intercambio y en la competencia. Esta competencia está basada en la innovación tecnológica que reposa en la tecno-ciencias. La medida de la performance de este sistema es principalmente financiera: la norma de esa performance es la rentabilidad (el R.O.I., return on investment); esta se estima en relación a los proveedores de fondos, es decir a los accionarios.
Hay dos fenómenos que en la actualidad refuerzan este modelo: la mundialización y la aceleración de las tecno-ciencias.
El espacio de la acción económica deviene cada vez más internacional; así puede escapar a las regulaciones aún esencialmente nacionales, mientras que las regulaciones internacionales son prácticamente inexistentes, aunque Europa comienza a fijar algunas reglas. Consecuentemente, la globalización extiende su campo de acción económica y disminuye las reglas a las cuales podría estar sometido.
Las tecno-ciencias son el segundo motor que fortalece la acción y el poder de los actores económicos.
Hoy día, las empresas hacen más lugar a la investigación fundamental y aplicada que las universidades. Se apropian cada vez más rápidamente de los conocimientos científicos para transformarlos en tecnología y convertirla en poderosas armas competitivas. Para retomar la frase de Schumpeter, «La competencia que realmente cuenta no es la competencia por los precios, sino la competencia que destruye el producto viejo para remplazarlo por el nuevo». Es el fenómeno de destrucción creadora que el fortalecimiento de las investigaciones y de los desarrollos acentúa profundamente. Este sistema tiene muchas ventajas a nivel económico: ha creado grandes riquezas para las necesidades solventes, está animado por un dinamismo y una creatividad única en la historia del mundo. Es un sistema eficaz para la creación de riquezas, pero también es muy brutal debido precisamente a este fenómeno de la destrucción creadora.
§ La globalización es responsable del hecho de que este sistema se ejerce cada vez más en un vacío político y ético. Lo que se cuestiona no es el aspecto de los intercambios - estos son un factor de civilización en la historia humana - sino la ruptura entre lo político y lo económico: a partir del momento en que el juego económico global se desarrolla en un espacio que escapa al Estado-Nación, ya no está realmente bajo control, bajo la gobernancia de una voluntad política porque el Estado o la Nación siguen siendo el sistema político del mundo actual. Por lo tanto funciona por sí mismo y de allí a caer en una lógica puramente instrumental – el sistema es bueno porque funciona– sólo hay un paso.
La primera característica de la globalización es pues la ruptura entre lo político y lo económico.
§ La segunda es que esta situación ocasiona el vacío ideológico o vacío ético.
Desde hace una veintena de años, bajo la influencia del Presidente Reagan y de la Sra. Thatcher, el mundo ha sufrido la influencia de un pensamiento ultraliberal actualmente dominante: menos de Estado, menos regulaciones, privatización, liberalización, libertad de intercambios, iniciativas, libertad financiera universal. Según la escuela de Chicago, este sistema de libertad económica conduce inevitablemente a la democracia y naturalmente al bien común: «dejen hacer, no se opongan, dejen emprender y verán florecer no sólo la riqueza, sino también las relaciones internacionales, la democracia y la libertad». Hay allí un salto lógico extremadamente peligroso. Detrás de las ventajas de la globalización y bajo el ropaje honorable de los intercambios internacionales se ha creado una ideología excesivamente poderosa que compete al pensamiento único, es decir a una lógica puramente instrumental: lo que importa no es hablar del bien común, sino hacer funcionar correctamente un sistema que debe conducir en forma automática al bien común. No se trata de saber si ese sistema tiene defectos. Este pensamiento único corresponde a una actitud realista y no política o ética: las cosas son como son Por lo tanto es un modelo de desarrollo que a nivel global está desprovisto de valores, y su finalidad es su propia performance. Esto es precisamente lo que llamo el vacío ideológico o vacío ético.
La globalización es lo que revela los límites, las desviaciones y los peligros de este sistema.
§ La primera desviación es la aceleración del juego competitivo. Este deja al costado del camino todo aquello incapaz de adaptarse: muchas instituciones, sistemas educativos, administrativos, políticos, son superados por la aceleración del modelo al servicio del cual, por otra parte, tienden a someterse. Esto provoca catástrofes cuyos resultados comienzan a ser evidentes: por ejemplo la contaminación. Si China se convierte en una sociedad automovilista como la occidental, el sistema climático no podrá resistir. El peligro para el planeta representado por esta aceleración resulta perfectamente evidente.
§ La globalización ocasiona también desviaciones o efectos en la orientación del sistema. Como ya lo dijéramos, está orientado hacia su propia performance, evaluada en función del beneficio. Debido a esto, las necesidades no rentables/solventes no son tenidas en cuenta. Un ejemplo: la investigación farmacéutica en los Estados Unidos invierte infinitamente más dinero para curar la obesidad y la impotencia masculina que para las enfermedades tropicales que diariamente causan la muerte de miles de personas. Las enfermedades huérfanas, como se les llama, no son rentables. Si se proyecta esto al nivel del planeta, se descubren todos los problemas de desigualdades y de pobreza que este sistema ni siquiera trata: nunca hemos sido capaces de crear tantas riquezas, pero nunca como ahora existen tantos pobres en la tierra. Tampoco, nunca hemos acumulado tantos conocimientos científicos y técnicos, y nunca el planeta ha estado tan amenazado como ahora.
- La tercera desviación es la invasión de la palabra mercantil.
La dominación cultural es en este caso un ejemplo que afecta a los medios y la producción artística, sobre todo el cine. Es lo que Haberman llamó la colonización del mundo vivido por la lógica de la competitividad.
Para terminar, una pregunta: ¿Existen vías posibles de evolución? La respuesta es: Sí, pero las mismas dependen de un esfuerzo y de un formidable compromiso responsable de los dirigentes y de los militantes. Lo que resulta evidente es que es necesario volver a poner lo político y lo ético en el centro del juego económico y creer en la posibilidad de transformar el sistema, sin perder ni la creatividad ni el dinamismo. Esta vía es la de la reforma, de la evolución. Sólo será posible a dos condiciones: que los actores económicos cambien de cultura y que se instale una gobernancia internacional.
Una nueva cultura económica consiste en primer término en redefinir las finalidades del progreso económico y técnico. Este es sólo una de las formas del progreso de la humanidad. Hay otras: el progreso social que depende a menudo del progreso económico, el progreso cultural, el progreso político, el progreso espiritual... El progreso económico no es un fin en sí mismo. Debe ser definido, y para eso hay que responder a la triple pregunta: ¿Progreso económico y técnico para quién? ¿Para qué? ¿Cómo? Es por no haber respondido a esta triple pregunta que Prometeo, la figura misma del empresario, fue encadenado.
Esta cultura comprende también la adopción de una ética que supere la simple integridad, es decir lograr resultados sin robar demasiado, sin matar demasiado, sin estafar demasiado. Es necesaria una ética del futuro en el sentido del cuestionamiento de Hans Jonas: «¿Qué mundo queremos crear juntos con los enormes medios que disponemos hoy día a nivel científico, tecnológico, financiero, organizacional, empresarial, etc.?»
Se trata finalmente de abrir el diálogo. Hay que dejar de creer que solamente son los actores económicos los que saben cual es el bien común de la humanidad. El bien común debe ser definido en forma democrática. Esto implica nuevas formas de concertación, sobre todo con las ONG, que hasta un cierto punto son portadoras de la conciencia de los problemas del siglo XXI.
Si bien este cambio de cultura es una condición necesaria, no será sin embargo suficiente para mejorar fundamentalmente el modelo. Deberá instalarse una gobernancia mundial: hay que igualar los juegos de la competencia, devolver a los poderes públicos la gestión de los problemas fundamentales para el futuro del planeta, como la contaminación, el uso de las ciencias y de las tecnologías o la solidaridad mundial. He aquí los problemas de gobernancia. En lugar de repetir «menos de Estado, menos de gobierno, más libertad», se debería actuar para devolver a los poderes públicos – si posible mundiales – la autoridad necesaria para tratar estos problemas. Para eso se requieren dirigentes, pero también el compromiso de cada uno de nosotros. Se trata de una tarea extremadamente compleja, difícil y aleatoria. Pero, para retomar las palabras del Cardenal de Retz hablando de Richelieu: « Él distinguía mejor que nadie lo extraordinario de lo imposible ». Estamos llamados a hacer lo extraordinario. Con los valores que nos animan, lo lograremos.
Extraído de:
CCIC Centro Católico Internacional de Cooperación con la UNESCO
París, Francia.
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C.Intervención del Prof.Mons. Piero Coda
(Ref. IV - IA - 05.05 - 05) |
Profesor de teología dogmática.
Pontificia Universicia Lateranense.
Secretario de la Academia Pontificia de Teología.
Presidente de la Asociación Italiana de Teólogos.
1. Hablar de «mercantilización de la persona» apela a reflexionar en el sentido de una contradicción que, en conciencia, sentimos como inaceptable desde un punto de vista moral, aunque sea visible en la realidad que nos rodea: La persona humana que debería, siempre, como lo escribe Emmanuel Kant, ser vista y considerada, en sí, como un «fin», y en ningún caso como un «medio», está, al contrario, reducida a un bien de consumo* .
Por supuesto, es posible señalar que esto puede acontecer en toda época y en cualquier lugar. Pero el hecho de que hoy día sea necesario debatir ello como de un fenómeno invasor de nuestra cultura, demuestra que no sólo esta posibilidad interpela al individuo a nivel de su responsabilidad, sino que, también, está ligada a elementos objetivos que caracterizan "el espíritu de la época". Por lo tanto, conviene descifrar su sentido y sus formas en el contexto específico de la época actual y del tipo de experiencia humana que nutre.
*Cf. Crítica de la razón pura, Libro I, Analítico, Cap. III.
2. Si bien no hay duda alguna de que la mundialización constituye el desafío de nuestra época, es también manifiesto que allí se trata de una apuesta que nunca, hasta el momento, revistiera un carácter tan radical en tanto se aproxima a las « raíces » de la identidad humana.
En efecto, se crea un espacio en el cual, por primera vez y de manera irreversible, las diferentes identidades a través de las cuales se expresa la experiencia humana están en condiciones de verse y de comunicar recíprocamente. Aquí se trata de una evolución cuyo impacto antropológico es extremadamente profundo.
Esto es debido, y en gran parte posible, por dos datos objetivos: los resultados tecnológicos aportados por la investigación científica, y la mundialización del mercado y de la producción invasora de la economía.
La comunicación a escala planetaria, en tanto espacio de gestión de la existencia en el marco de una reciprocidad ideal de las relacionales propuestas a los individuos, a las instituciones sociales y a las tradiciones culturales y religiosas, está de este modo principalmente sostenida y reglamentada por la red de los medios y por las fuerzas económicas.
Esto provoca dos efectos: la amenaza a las exigencias antropológicas tradicionales que arriesgan no poder aportar sentido y acompañamiento sino con retraso, incluso ser excluidas, a una evolución cuyo ritmo es tal que escapa a su control; y el peligro de desviación ideológica según la cual los procesos inmanentes a una lógica económica y científico-tecnológica dada constituyen, en forma exclusiva, el sentido de la mundialización y, a fin de cuentas, su objetivo final.
El desafío planteado de este modo a la experiencia humana surge de la posibilidad objetiva de transformar lo que, en sí, es indispensable al desarrollo y a la evolución de la persona con un desconocimiento de los más totales de ésta, pues sometida a un proceso que, no sólo no obedece a ningún criterio ético, sino que in fine hace pasar la eficacia y el resultado económico y tecnológico antes que el hombre.
Parafraseando a Francis Fukuyama, se asiste a una especie de «fin de la historia»* en la medida en la cual lo que es esencial a la persona termina por subordinarla a sí misma. Y como lo escribe Maria Zambrano, la historia «no tendrá otra función que la de la revelación progresiva del hombre; si el hombre no fuera un ser oculto que debiera revelarse»*.
3. Sin embargo intentemos tomar algo más de cerca los dos fenómenos que tienden, hoy día, a imponerse de manera indolora, eclipsando progresivamente, hasta anular, el valor fundamental de la persona en tanto santuario y promesa, frágil aunque inalienable, de una vida conteniendo en su corazón el «gusto de lo eterno».
El primer fenómeno es el de una servidumbre de la persona a la técnica. El filósofo Umberto Galimberti* ha esbozado sobre este tema un cuadro realista y terrorífico. Observa que si bien Carlos Marx denunciara, en el momento en que el capitalismo se imponía en siglo XIX, la alienación del hombre por el trabajo y, en definitiva, por el producto de éste, el increíble desarrollo de la informática y del genio genético, hace hoy día posible la alienación del hombre por la máquina compleja que éste produjera.
* Cf. F. Fukuyama, La fine della storia e l’ultimo uomo, Rizzoli, Milán, 1996. (El fin de la historia y el último hombre)
* M. Zambrano, Persona e democrazia. La storia sacrificale, Mondadori, Milán, 2000, 29.
* Cf. U. Galimberti, Psiche e Techne. L’uomo nell’età della tecnica, Feltrinelli, Milán 1999.
Los que vieran el filme «Matrix» del género fantástico-científico, pudieron darse cuenta de este peligro bien real.
Este fenómeno corre parejo con otro que anuncia la progresión del primero a través de una nueva forma de existencia y de coexistencia humana: «La mercantilización de la persona». No sólo se trata de denunciar el abyecto comercio de órganos que implican la manipulación y la supresión de vidas humanas en los países pobres en exclusivo beneficio de la «calidad de vida» de los países ricos; mercantilización de la vida significa, ante todo, un conjunto de conductas, de ideologías, estrategias económicas, opciones sociales y políticas por las cuales la vida (la del otro pero, en el fondo, la propia) pierde su estatuto de santuario que abriga el misterio del ser para convertirse en un objeto mercantilizado por el frenesí de poseer.
4. De allí la urgencia de una nueva reflexión sobre el misterio de la persona humana y de las formas simbólicas a través de las cuales ese misterio puede, en la actualidad, transformarse en una experiencia compartida y permitir evitar que las tomas de posición ideológicas influidas, incluso determinadas, por la sutil e insinuante lógica expresada anteriormente, no dicten la solución a los problemas éticos y sociales, según un enfoque que, a fin de cuentas, no es sino anti-humano.
Para intentar alcanzar ese objetivo en forma pertinente y eficaz, conviene sin embargo tratar de saber si es suficiente reiterar la propuesta del imperativo kantiano del respeto absoluto de la dignidad de cada persona en tanto fin y en ningún caso como medio, o si no convendría más bien franquear un paso, es decir hacer aparecer la dinámica del reconocimiento recíproco de dicha dignidad como espacio de realización de la persona que permita, en el fondo, experimentar el verdadero sentido de cada forma simbólica del ser y del actuar humano en el mundo.
La crisis de la modernidad puede acarrear con ella la desaparición de la percepción del carácter absoluto del imperativo kantiano y, de hecho, confiar a las leyes del mercado la gestión de la significación de lo que es el ser persona. Puede, no obstante, representar también la posibilidad de reconquista del misterio integral de la persona liberando el principio moral de su absolutidad de las connotaciones individualistas y abstractas, ya denunciadas por el pensamiento post-kantiano, y permitir y revelar sus intrínsecas dimensiones concretas y de relación al otro.
5. En efecto, contrariamente a las manifestaciones socio-culturales descritas anteriormente, el deseo y el instinto antropológico de ver al otro y de ser visto por el otro tal como se es, persona única y entera, bajo toda forma y en toda situación de existencia, son experimentados con fuerza por el hombre actual, sin que por eso estén desprovistas de ambigüedad, de desviaciones y de frustraciones. Prueba de esto es la afirmación de la sensibilidad a los derechos humanos, el rechazo de la guerra y la búsqueda de la paz por todos los medios posibles, el respeto y la acogida de quienes son de cultura y de tradición diferentes, la corriente ecológica, etc., que son la expresión, más o menos consciente, de la exigencia de una visión integral y relacional de la persona que toma en cuenta el conjunto de su ser en el desorden rico y complejo de las relaciones vividas en el hábitat de la naturaleza y de la ciudad.
La vida humana conservada, cultivada y debidamente tratada a fin de alimentar un tipo de realidad superior que, en los hechos, es antológicamente inferior ala relación máquina/hombre, pero al cual el hombre, renunciando a sí mismo, termina por delegar la gestión y el objetivo final de su propia vida y de su mundo.
El simple, y por lo tanto fundamental, redescubrimiento del sentido antropológico del amor resulta, de este modo, crucial ; es decir, concretamente, el redescubrimiento de lo que es amar y ser amado a través de una comunicación activa, creadora y abierta de lo que se es y de lo que se tiene. El amor se interesa a la dimensión en positivo del «quien es» del otro, al misterio de su ser, y de este modo expresa y transmite la fuerza de vivir, aporta sentido a la existencia, transforma el no-sentido del sufrimiento y la fatiga del sacrificio en alegría de ser y de vivir con y para el otro, ayuda a redescubrir la diferencia entre lo que justifica el fin y lo que justifica el medio, así como a hacer resaltar el valor objetivo, y bien subordinado a la persona, de los bienes naturales y culturales.
La fórmula kantiana debe fundirse en una fórmula más completa como la que puede encontrarse por ejemplo en Vaticano II: «El hombre, única criatura en la tierra que Dios ha querido por ella misma, sólo puede encontrarse plenamente a través del don desinteresado de sí mismo» (Gaudium et spes, 24). Al final, esto reenvía al hecho que, en la visión cristiana de la realidad, el propio Dios no es una morada solitaria sino comunión de Personas que viven en el amor (cf. ibid.).
Esto permite ir más allá de una visión dicotómica que separa, más que para distinguirlos para unirlos, las dimensiones corporales y espirituales, individuales y relacionales de la existencia de la persona. Los bienes de los cuales vive la vida de la persona y que son destinatarios de sus acciones no son, jamás, únicamente bienes individuales sino siempre, también, bienes relacionales: es decir que toman sentido y valor a través de la relación y el encuentro con el otro. La persona no se realiza, en efecto, sin o contra el otro, sino con él. Los bienes más valiosos para lograr ser persona son precisamente los «bienes relacionales». Son, ciertamente, bienes « frágiles », como lo escribiera Martha Nussbaum, pues en gran parte dependen del otro, de su libertad, de su reacción, de sus motivaciones, de sí acepta o no « jugar », pero es de esos bienes que depende en gran parte nuestra dicha*.
6. No por eso basta con activar la experimentación del reconocimiento recíproco que permite a la persona re-encontrarse a sí misma, incluso si esto es, y permanece, indispensable. Al mismo tiempo conviene revelar con toda claridad los mecanismos ideológicos que falsean la comprensión y la gestión del desarrollo tecnológico y económico, y proponer formas simbólicas adecuadas a la identidad y a la total vocación de la persona. En otros términos, es necesaria una política cultural y educativa adecuada: « El remedio, es la cultura », según la fórmula del economista T. Scitovsky*.
Me limitaré a un ejemplo. El retorno y el uso en la reflexión económica de una lógica relacional resulta crucial en la medida en que el paradigma individualista sobre la cual se construyera en la época moderna la ciencia económica, y sobre la cual aún ahora está basada, se encuentra en situación de grave crisis*.
Este paradigma señala a la vez su incapacidad a ser un modelo útil y eficaz contra los problemas de la pobreza y del hambre en el mundo, de la distribución desigual de las riquezas, y la evidente paradoja de la progresión de la ausencia de felicidad en los países con alto ingreso por habitante, donde estudios empíricos han demostrado que el aumento de las riquezas culmina con una disminución de la felicidad. Por una parte, la carrera a esos bienes que no nos hacen más dichosos, consume nuestra vida; por otra, consume nuestro mundo.
Si el hecho de poseer más ingresos para adquirir más bienes, no sólo penaliza a aquellos excluidos de este círculo «vicioso» sino, también, vuelve menos dichosos a los protagonistas, conviene entonces interrogarse sobre el sentido y la naturaleza de los bienes. Si la economía surgió con el objetivo de permitir la «riqueza de las naciones», pero esta aporta no el bienestar sino el malestar, entonces la crisis no concierne sólo a los aspectos marginales, sino a la visión del hombre en la cual se basa la estructura epistemológica (Doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico) y la gestión práctica de la economía.
* Cf. M.C. Nussbaum, The Fragolity of Goodness : Luck and Ethics in Greek Tragedy and Philosophy, CUP, Cambridge, 1986.
* Cf. The Joyless Economy : an inquiry into human satisfaction and consumer dis-satisfaction, Oxford University Prees, Oxford, 1976.
* Cf. Complessità relazionale e comportamento economico. Material per. un nuevo paradigma di relacionalita, a cura di P.D. Saco – S. Zamagni, Il Mulino, Bologna 2002; B. Gui - R. Sugden, Economics and Sociality, Cambridge University Prees, 2003.
La fractura entre los bienes y las personas que los producen, los intercambian y los consumen es tal que lo valorizado no es la relación entre las personas que participan en el proceso de producción-intercambio-distribución de los objetos, sino los propios objetos, que terminan por adquirir un carácter absoluto, incluidos en ello las personas que son manipuladas con el fin de producir y consumir esos objetos. La pobreza puede definirse, por supuesto, por una carencia de bienes, pero también por una ausencia de relaciones que permitan la realización de la persona, es decir por el hecho de que lo que prevalece son las relaciones falseadas*.
Otorgar un lugar central a la dignidad de la persona y a relaciones entre personas significa establecer las bases antropológicas de una revolución copernicana de la cultura, capaz de entrar en interacción con la mundialización de manera profética y constructiva, y de este modo hacer que desaparezca el peligro de la mercantilización de la vida humana.
7. Siempre me ha impactado la última página de la obra de Henri Bergson, Las dos fuentes de la moral y de la religión, publicada en 1932. Bergson presintió allí, que aunque el increíble desarrollo técnico podía aportar extraordinarias posibilidades a la humanidad, también podía constituir un grave peligro. El filósofo proyectaba, pues, la necesidad de un suplemento de alma al servicio del hombre, instalando incluso una nueva vida a la enorme prótesis tecnológica que la humanidad va incorporando a su propio cuerpo. Bergson apelaba a lo místico, no como huida en el rechazo y el espiritualismo, sino como praxis dichosa, testimonio “de un Dios que ama a todos los hombres de un amor igual y que les pide amarse entre ellos”. Sólo es de esta manera, decía, como el mundo podrá devenir, no en una máquina monstruosa para devorar la vida, sino un lugar de gracia que dé nacimiento a la vida completa, a la vida que tiene el gusto de lo eterno.
*Cf. L. Bruni, L’economia, la felicità e gli altri. Un’indagine su beni e benessere.
Extraído de:
CCIC Centro Católico Internacional de Cooperación con la UNESCO
París, Francia.
Sitio Web:http://www.ccic-unesco.org
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"EL CONCEPTO MODERNO DE EMPRESA
HA DE INCLUIR NECESARIAMENTE CUESTIONES ÉTICAS"
(Ref. IV -IA - 05.05 - 06) |
Entrevista a Adela Cortina. 2004.
Catedrática de Ética de la Universidad de Valencia
"El concepto moderno de empresa ha de incluir necesariamente cuestiones éticas", afirma la catedrática de Ética de la Universidad de Valencia Adela Cortina en una entrevista que publica la "Revista de Política Social" (Marzo de 2004, España). La catedrática, directora de la Fundación para la Ética de los Negocios, aborda en la entrevista cuestiones como los valores que han de presidir la globalización, la necesidad de una ética global, la responsabilidad de las empresas y la guerra. "No hay ni un solo motivo que justifique una guerra en el siglo XXI", afirma.
- Desde el punto de vista ético, ¿Cuál sería la definición del mundo que nos ha tocado vivir?
- Yo destacaría que se trata de un mundo altamente complejo. Desde el punto de vista ético, en primer lugar es evidente que el mundo actual presenta connotaciones de globalidad, por lo que se hace necesario hablar de unos principios éticos globales o de una ética global. Podríamos decir, recordando a Max Weber, que el mundo necesita de una ética de la responsabilidad convencida, puesto que, al ser tan global, es imprescindible medir y tener en cuenta las consecuencias de nuestras acciones, que pueden extenderse más allá de nuestras fronteras. Pero, al mismo tiempo, tenemos también la obligación de actuar partiendo de unos principios sin los que este mundo dejaría de ser sostenible, como la tolerancia activa, la dignidad de todas las personas, la libertad, etc.
- Las relaciones internacionales atraviesan un momento convulso, en el que pueden estallar conflictos en nombre de la seguridad común. ¿Existe algún motivo ético que pueda justificar una guerra?
- En esto soy muy tajante. No, no hay ni un solo motivo que justifique una guerra en el siglo XXI. Hoy día es imposible pensar en un argumento o razón que pueda llevarnos a desencadenar un conflicto. Desde luego, no se puede justificar por cuestiones de seguridad o prevención, porque esto no hay quien se lo crea. Ni una sola guerra se puede entender como justa, y no quiero quedarme solo con la de Irak, también estoy pensando en todos esos otros conflictos armados que están en marcha y que son una barbaridad. Pero no sólo me parecen injustas las guerras, también me parece injusto que la industria bélica ocupe el primer puesto en la clasificación de las industrias rentables, en vez de apostar de forma decidida por el desarrollo de los pueblos; que se pacte con los dictadores cuando conviene y se les declare la guerra también cuando conviene; o que se cree artificialmente una división entre dos supuestos mundos, Oriente y Occidente, y se les enfrente. En definitiva, no se asegura la paz con la guerra, sino con el desarrollo de las personas y de los pueblos.
- En las relaciones Norte-Sur, son evidentes las desigualdades y, por tanto, las injusticias. Esta situación, ¿Tiende cada vez más a agravarse o es posible albergar alguna esperanza de cambio? ¿Qué papel tendrán que cumplir entonces los agentes económicos y las organizaciones sociales civiles?
- Si nos remitimos a los datos, la situación se ha agravado en los últimos tiempos, por lo que no parece que haya razones para pensar que va a cambiar. Sin embargo, yo no puedo evitar ser optimista. Si no fuera así, no encontraría sentido a lo que hago. Pero para que las cosas vayan cambiando se tienen que producir transformaciones importantes que, entre otras cosas, tienen que ver con los agentes económicos y con las organizaciones civiles.
La empresa, como uno de los agentes económicos más importantes, debería asumir su responsabilidad en la consecución de un mundo más justo. Al haberse globalizado rápidamente, podría ser una de las más importantes globalizadoras de determinados comportamientos éticos en el mundo. Por supuesto, también son importantes las instituciones económicas y financieras, un ejemplo de esto es el Pacto Mundial de la ONU, que tiene el fin de globalizar un compromiso ético de las empresas en torno a nueve principios sobre Derechos Humanos, Trabajo y Medio Ambiente.
Respecto a las organizaciones sociales, éstas deben preocuparse fundamentalmente por globalizar aquello por lo que se han creado: la solidaridad.
Quizás si tengo que exigirles algo es que sean cada vez más transparentes en sus acciones, para que así la sociedad confíe cada vez más en ellas.
- En el concepto moderno de empresa, ¿Queda lugar para la ética? ¿Es cierto que la sociedad reclama cada vez con mayor fuerza un comportamiento ético a los empresarios? - No es que quede lugar para la ética, es que el concepto moderno de empresa ha de incluir necesariamente cuestiones éticas. Estoy convencida de que uno de los factores más importantes de innovación permanente en las empresas modernas es la propia ética. La gestión ética de las empresas se ha convertido en algo fundamental en nuestra sociedad para hacer que el proyecto perdure en el largo plazo. Es cierto que las empresas actuales están en cierto modo enfermas de cortoplacismo y esto es algo que tenemos que cambiar si queremos que las personas se comporten de un modo ético. Por supuesto, los clientes, los ciudadanos y la sociedad en general están demandando a las empresas que se comporten de forma transparente, que se comprometan con el desarrollo de sus entornos, que sean honestos, coherentes y responsables. Todo esto son demandas éticas de la sociedad a sus empresas, y éstas tendrán que asumirlas si quieren seguir manteniéndose en el mercado.
- ¿La ética en la empresa es compatible con la rentabilidad?
- Pues sí. Ya hace dos años realizamos una investigación en la que afirmábamos que no se puede garantizar que una empresa ética sea más rentable –nada lo puede garantizar- pero sí es seguro que una empresa ética está más preparada para responder a los retos futuros y para perdurar en el tiempo con éxito. Si una empresa actúa con integridad y responsabilidad, con transparencia y respeto, está sentando las bases de la confianza. Y todo el mundo reconoce que sin confianza no funcionan los negocios, ni casi nada en la vida.
- ¿Hablamos de doble moral en los casos de empresas que publicitan sus acciones de ayuda a países necesitados y, por otra parte, realizan prácticas execrables con sus empleados?
- Hay empresas que pueden caer en la tentación de utilizar la ética para mejorar su imagen. Pero la ética soporta muy mal la incoherencia. No se puede hacer una cosa y decir la contraria.
Extraído de:
Manos Unidas Ong
http://www.manosunidas.org/
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" LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA EMPRESA EN LATINOAMÉRICA” |
Simposio del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y Empresarios Cristianos.
(Ref. IV - IA - 05.05 - 07)
Los Obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), sacerdotes y empresarios cristianos de la Unión Internacional de Dirigentes de Empresa Cristianos en Latinoamérica se reunieron del 30 de septiembre al 2 de octubre del 2003 en Aguascalientes (México) en un simposio orientado a entender y superar el impacto de la globalización. Esta VII Conferencia –la reunión se convoca cada dos años— se organizó conjuntamente por el CELAM y UNIAPAC-Latinoamérica, con el apoyo de la Unión Social de Empresarios de México (USEM).
La finalidad de este encuentro es establecer un diálogo entre la jerarquía de la Iglesia Católica y los empresarios miembros de la UNIAPAC para que cada cual, desde el lugar que le corresponde en la sociedad, contribuya con sus propuestas para el bien de América Latina.
El encuentro se centró en descubrir cuál es la responsabilidad social de la empresa en América Latina a fin de entender y superar el impacto de la globalización sobre los países de la región.
Presentamos a continuación el documento final de dicha Conferencia.
DECLARACIÓN DE AGUASCALIENTES
VII SIMPOSIO UNIAPAC. Octubre de 2003.
Durante los días 30 de septiembre, 1 y 2 de octubre de este año 2003, un grupo de Obispos del CELAM, Sacerdotes y Empresarios Cristianos de UNIAPAC Latinoamericana, procedentes de Argentina, Brasil, Costa Rica, México y Uruguay nos hemos reunido en la ciudad de Aguascalientes, México.
A lo largo de estos días de encuentro, oración, reflexión y diálogo nos hemos propuesto descubrir y compartir unos con otros, cuál es la responsabilidad social de la empresa en América Latina buscando, de este modo, entender y superar el impacto de la globalización sobre nuestros países.
I. Algunas de nuestras constataciones como punto de partida.
1. A fin de identificar mejor nuestra situación, hemos comparado a América Latina con los países desarrollados del primer mundo. Las cifras -siempre frías, pero exactas- muestran que nuestro sufrido Continente padece graves y trágicos contrastes. Se destaca nuestra pobreza, la mayor mortalidad infantil, la más menguada esperanza de vida, nuestras dificultades para competir agravadas por el proteccionismo y los subsidios de los países desarrollados, el peso de la deuda externa. Estas situaciones -y otras más- agravan frecuentemente nuestra convivencia social y desafían duramente nuestra esperanza.
2. Vivimos en verdad un cambio de época. Aparece una nueva sensibilidad cultural con sus ambigüedades y escasas claridades. Surgen -es cierto- tendencias favorables al reconocimiento de la dignidad de la persona humana y a la globalización de la solidaridad, pero coexisten con dificultad con atentados diversos, a mayor o menor escala, a los Derechos Humanos. La globalización -que imprime en nuestros países su huella de significado incierto- se convierte en un arduo desafío que requiere de nosotros un trato y una respuesta acertados.
3. Desde esta compleja situación cultural, política, religiosa y socio-económica, proponemos como una alternativa posible y valiosa desde el mundo empresarial -que no es desde luego la única- promover la responsabilidad social de la empresa y del empresario para enfrentar saludablemente las incertidumbres de los tiempos que nos toca vivir responsablemente y alentar la esperanza debilitada de nuestros pueblos.
II. La responsabilidad social de la empresa
4. Entendemos que proponer como alternativa de cambio la responsabilidad social de la empresa no es una frívola y pasajera cuestión “de moda” o un asunto de persuasivo pero engañoso marketing. Decididamente es para nosotros una necesidad urgente, una cuestión de responsabilidad, una leal y honrada estrategia empresarial.
5. Nuestra propuesta se apoya en estas convicciones que compartimos:
-- La organización empresarial es uno de los agentes más dinámicos e influyentes en la sociedad, de influencia realmente planetaria. La empresa, como organismo vivo, es un factor determinante de la transformación de la sociedad.
-- A la par que la familia y que la escuela, la empresa es también un ámbito de crecimiento humano, de creación y anticipación de futuro para quienes trabajan diariamente en ella. Es una escuela de compartir.
-- El horizonte de la empresa no se clausura con la prestación de bienes y servicios a la comunidad, sino que se extiende a algo más: a asumir lúcidamente una identidad social que la capacite para pensar y para actuar éticamente, tanto en su ámbito empresarial interno como fuera del mismo.
-- El crecimiento de la ética empresarial provocara una nueva mentalidad y una manera nueva del quehacer empresarial que revitalizará y consolidará -además- la ética ciudadana.
III. Exigencias de la responsabilidad social de la empresa
6. Buscar y definir acertadamente la propia identidad empresarial, tal como la empresa quiere ser reconocida interna y exteriormente como ética y socialmente responsable.
7. Identificar con exactitud y desde la afectuosa cercanía a todos los agentes sociales tanto internos como externos, que tienen interés en la vida de la empresa.
8. Definir y acordar conjuntamente con ellos, los rasgos éticos que han de fermentar y dar sentido a la responsabilidad social de la empresa, inspirándose en los valores de la Doctrina Social de la Iglesia.
9. Mantener la formación permanente de los agentes de la empresa en la Doctrina Social de la Iglesia desde una constante lectura y discernimiento de la realidad iluminados por la Palabra de Dios leída, contemplada, hecha oración y vida.
10. Utilizar estrategias empresariales adecuadas para iniciar y mantener el proceso -siempre dinámico- de crear una expresa responsable socialmente.
IV. El trabajo de Obispos y Empresarios a favor de la responsabilidad social de la empresa
11. Crear espacios habituales de conocimiento, de reflexión y diálogo -tanto a nivel continental como nacional o regional- entre Obispos y Empresarios cristianos a fin de llevar a cabo la misión común de la Nueva Evangelización, desde sus compromisos pastorales diversos, pero complementarios, apostando unos y otros por la responsabilidad social de la empresa.
12. Asumir como urgencia pastoral la evangelización de los agentes del mundo empresarial, dada la incidencia decisiva que han de tener en la generación de un espíritu emprendedor que favorezca la creación de trabajo, en la construcción de una cultura de convivencia solidaria y en la creación de una nueva sensibilidad social en nuestros pueblos.
V. Conclusiones y recomendaciones finales
13. Como fruto de nuestra reflexión y diálogo, Obispos y Empresarios, manifestamos unas conclusiones y recomendaciones finales que pautarán nuestro caminar hasta el próximo encuentro. A fin de garantizar su cumplimiento y el de todos los compromisos que hemos asumido durante el VII Simposio -reflejados en esta declaración- tanto los Obispos como los Empresarios nos hemos empeñado en evaluarlos y revisarlos periódicamente, antes del próximo Simposio.
14. He aquí nuestras conclusiones y recomendaciones finales:
I. Reconocer que la responsabilidad social es parte indispensable y constitutiva de la finalidad de la empresa, indisolublemente ligada a sus objetivos económicos.
II. Promover talleres de transformación de las propias empresas hacia la responsabilidad social, inspirados en la Doctrina Social de la Iglesia, invitando también a que otras empresas y organizaciones sociales asumen el mismo compromiso. Ç
III. Establecer algunos medidores adecuados para constatar cíclicamente el avance progresivo y gradual de la responsabilidad social de las empresas.
IV. Propiciar el encuentro regular y frecuente entre los Departamentos de Pastoral Social de las Conferencias Episcopales y las asociaciones nacionales de UNIAPAC, para tratar conjuntamente los temas que atañen a la responsabilidad social de la empresa y al compromiso cristiano de los empresarios, para superar el desconocimiento mutuo y crear iniciativas conjuntas que estimulen el diálogo Iglesia-Empresa en sus diversos niveles.
V. Establecer canales de diálogo permanente entre los Obispos y los Empresarios a nivel diocesano, nacional y continental.
VI. Fomentar -a través de la mediación de los Obispos diocesanos- el diálogo de los Empresarios con el clero local, donde operan las empresas.
Extraído de:
Sitio Zenit
http://www.zenit.org/
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