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SEXO VEINTE CAMBALACHE
Pedro Garcés Troncoso
Licenciado en Filosofía; U. de Buenos Aires, Argentina.
Profesor U. Católica de Valparaíso, Chile.
Magister en Teología. P. U. Católica de Chile, Chile.
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Parodiando la reflexión del tango, este título parece la mejor síntesis de lo que ha pasado durante el siglo XX con respecto a la sexualidad.A partir de los años 60 el cambio ha sido notable. El sexo se ha extrapolado. Se ha convertido en obsesión, en manía, en enfermedad. No tenemos en la cabeza más que sexo.
Cada anuncio publicitario se dirige a nosotros a través del sexo. Cada canción habla de él. “Es casi una experiencia religiosa” filosofa un joven cantante, e intenta demostrarlo:“besar la boca tuya merece un aleluya, tan sólo una caricia a mi me resucita, subir al firmamento prendido de tu cuerpo”... etc. La invitación a la contraparte femenina no se hace esperar: “Dale a tu cuerpo alegría Macarena, dale a tu cuerpo alegría y cosa buena”.
Aparte de las canciones, cada vez más sugerentes y estimulantes, las novelas hacen hoy del sexo un tema inagotable. Parece un peaje a pagar por el autor cada cierto número de páginas, si quiere cumplir el objetivo de cautivar al lector.
En realidad, el sexo penetra hoy cada rincón de la vida; desde la cuna hasta la tumba. Se ha convertido en la nueva religión de las ciudades “progresistas”. Ahora se nos incita a morir al espíritu para renacer a la carne ...
En tal concepción late una idea del sexo que apunta principalmente al goce físico, puesto que la función procreadora puede ser descartada con anticonceptivos, de los días antes, del mismo día o del día después y los contenidos emocionales del sexo – lo afectivo – se pueden reprimir hasta el punto en que la palabra amor carezca de todo significado. Ya no se habla tanto de “hacer el amor”, sino de “tener sexo”. “Te propongo una unión ilegal – canta el mundo joven – pero sin enamorarnos”. Yo te doy y tu me das – pasando y pasando – pero sin hablar de amor. Lejos del ideal de fidelidad y de estabilidad afectiva se va instalando una promiscuidad rotativa, a la cual le quedan pobres y tristes consuelos: “Si otros te enseñaron a besar así, que me importa quien estuvo antes de mí. Si ellos fueron tu escuela, yo seré tu graduación ...”
¿Qué dice frente a todo esto el mensaje cristiano actual sobre el tema? Tres o cuatro ideas son las centrales: que la sexualidad es buena y bella, porque responde al diseño querido por Dios para el hombre; que la condición sexuada es parte principal entre los factores que caracterizan nuestra vida, al constituirnos como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual; que el cultivo de su belleza es una tarea en que se puede crecer siempre y que el contexto más logrado para dicho cultivo, crecimiento y humanización de la sexualidad es el compromiso definitivo de pareja.
¿Se siente usted interpretado – querido lector – por estos postulados del estilo cristiano de reflexionar sobre el tema? ¿O se siente más cómodo con los descriptores de “Sexo XX Cambalache”?
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